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La mayoría de la gente piensa que la compasión se dirige exclusivamente hacia los demás.

Pero la compasión tiene que dirigirse primero hacia uno mismo.

Cada ser humano tiene en sí mismo el poder de ser bondadoso, bueno, cariñoso, equilibrado, valiente y propenso a ayudar a los demás. En cada instante tenemos la posibilidad de elevarnos. Pero aunque tengamos el deseo y la intención de hacerlo, muy a menudo fallamos. Y volvemos a caer en hábitos o patrones muy alejados del estado de gracia que buscamos.

Esto te acontece a ti, como a mi y como a los más grandes maestros.

Piensa en tu día a día. ¿Cuánto tiempo consigues mantener tu equilibrio emocional y tu paz interna? Hay días donde apenas nos levantamos ya empezamos a tener pensamientos oscuros o reacciones de ira. Y cuando nos concienciamos de ello, nos sentimos todavía peor porque el camino hacia la paz interior y la elevación nos parece aún más inalcanzable.

Y caemos aún más bajo.

Es precisamente en esos momentos cuando es esencial ser compasivo hacia uno mismo. Porque aunque deseemos elevarnos y ser condescendientes y cariñosos hacia nuestros seres queridos, vamos a caer, vamos a enfadarnos, vamos a contestar al otro de manera muy reactiva y negativa – machacándole en vez de elevarle – vamos a tener celos, vamos a juzgar y criticar a todas las personas que cruzan nuestro camino, vamos a tener miedo, vamos a deprimirnos y perder la fe en nosotros y en la vida misma.

Y esto nos va a pasar mil veces. Y nos pasará a todos. Ningún camino es recto y fácil.

Cuando te das cuenta de que has caído otra vez en tus patrones negativos mentales y emocionales, se muy compasivo contigo mismo. Perdónate. Inhala largo y profundo. Y vuelve a coger tu bastón de peregrino para seguir tu ruta hacia la paz interior y el amor, con una sonrisa.

Sat Nam,

Gabrielle – Puranshant Kaur

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